EMILIA LOSADA FADUL
Colombia
Barranquilla
Familia Losada Fadul
María Emilia Fadul Jattin, María Emilia Losada Fadul y Juan Ignacio Losada Fadul representan una familia en la que la cocina es mucho más que un oficio: es una herencia, una forma de crear, de expresar el arte y de compartir amor alrededor de la mesa.
Su historia comenzó mucho antes de que existieran sus restaurantes y sus reconocimientos. Comenzó con el legado de Marta Jattin, quien sembró en ellos la pasión por la gastronomía, el respeto por los ingredientes y el valor de las recetas que unen generaciones. Desde entonces, cada uno ha construido un camino propio, manteniendo siempre viva esa esencia familiar.
María Emilia Fadul Jattin y su hija, más conocida como María Emilita, fueron las creadoras de Mailia, uno de los restaurantes más recordados y queridos de Barranquilla. Hoy continúan llevando ese legado a través de Mailia Catering, donde convierten cada celebración en una experiencia gastronómica memorable. Asimismo, continúan conquistando paladares con Helena, un restaurante que celebra la riqueza, la autenticidad y el espíritu de la cocina griega.
En la memoria de quienes tuvieron el privilegio de sentarse a la mesa del restaurante Mailia permanecen vivos platos que se convirtieron en verdaderos íconos de la gastronomía barranquillera, como el inolvidable Arroz Saigón, el Lomo Royal, los Langostinos Encantados y, por supuesto, el postre que conquistó incontables corazones: el inconfundible Escarlata de Fresa. Sabores que, aún hoy, despiertan recuerdos y emociones.
Juan Ignacio o como todos lo llaman, Nacho, ha convertido la repostería en una verdadera expresión artística. Con Nacho's Desserts, crea postres que sorprenden por su belleza, creatividad y sabor, siendo el encargado de endulzar algunos de los eventos más importantes de la región y del país. Su sello distintivo va más allá de la técnica: disfruta escuchar a cada cliente, interpretar sus sueños y transformarlos en creaciones únicas y personalizadas, haciendo que cada postre sea irrepetible y tan especial como la celebración para la que fue concebido.
La trayectoria de estos grandes cocineros ha sido reconocida con importantes distinciones, entre ellas el Premio Fogón de Oro en 2008 y el Premio La Barra en 2010, reflejo de una dedicación constante a la excelencia gastronómica.
Más allá de los reconocimientos, esta familia comparte una misma filosofía: cocinar con el corazón, transformar los ingredientes en experiencias memorables y demostrar que la gastronomía es una manifestación del arte, la tradición y la identidad.
Cada plato, cada postre y cada mesa que preparan cuentan una historia de amor por la cocina, de respeto por sus raíces y de un talento que ha sabido evolucionar sin perder su esencia. Son el ejemplo de cómo un legado familiar puede trascender generaciones y seguir inspirando a través de los sabores, convirtiendo la cocina en un lenguaje capaz de emocionar, reunir y crear recuerdos imborrables.
Hoy no solo vemos en ellos una destacada trayectoria gastronómica, sino el legado de una familia que ha convertido la cocina en su manera de amar, de crear y de reunir a las personas alrededor de la mesa. Una tradición que sigue viva, creciendo y dejando una huella imborrable en la cocina barranquillera y colombiana.