Cocina y Naturaleza
Cuando hablamos del popocho, puede parecer un nombre desconocido. Pero al describir sus características, se vuelve tan familiar y cercano que reconocemos su importancia en nuestra mesa.
En la región Caribe, lo llamamos popocho, pero en otras partes de Colombia también se conoce como plátano hartón enano, guineo cuadrado o topocho. Con diferentes nombres, su valor es el mismo: un alimento tradicional, generoso, nutritivo y versátil, que ha estado siempre en el corazón de nuestras cocinas.
En los suelos fértiles y calurosos del sur del Atlántico —especialmente en municipios como Manatí, Repelón, Campo de la Cruz y Santa Lucía— crece uno de los tesoros más queridos: el plátano popocho. De forma gruesa, cuerpo corto y textura harinosa, este fruto no solo alimenta: es parte esencial de la vida campesina y de la memoria gastronómica de nuestro territorio.
En tiempos donde lo natural se convierte en lujo, el popocho sigue siendo símbolo de una riqueza sencilla: la que crece en el patio. Preservarlo es reconocer el valor de lo que nace del entorno, de lo que alimenta sin dañar, y de lo que conecta el fogón con la naturaleza.
Para muchas familias del Atlántico, el popocho representa sostenibilidad: basta una tierra generosa y manos pacientes que sepan esperar para que florezca nuestra identidad.
Foto proporcionada por Patricia Mestre. Uso cultural autorizado.